martes, 5 de junio de 2012


vida después de la muerte








¿Existe la vida después de la muerte?


Es una pregunta que todos los hombres se plantean en un momento dado de su vida. Algunos responden de manera negativa : "No hay nada", o bien "es el vacío y después nada más". Sin embargo, al final de su vida, después de haber vivido como si no hubiera nada, empiezan a pensar que "quizá haya algo". 


Los cristianos no son los primeros que afirman que existe una vida después de la muerte. Todas las culturas en las que se enterraba a la persona con lo necesario para vivir, comer, cazar, defenderse en el "más allá", percibían ya que el hombre no está hecho para morir. Dando al difunto ofrendas propiciatorias para las autoridades (o dioses) del lugar de los muertos, se pensaba también que había una justicia, una recompensa, diferentes destinos posibles en la otra vida. 












Para los griegos, "la barca de Charon", en la que se atravesaba el río que daba acceso al lugar de los muertos, marcaba de un modo simbólico el gran paso hacia los "Campos Elíseos", símbolo de otra vida. En cuanto a los filósofos griegos, como Platón, no solamente pensaban en "una vida después de la muerte", sino que tenían también el concepto de una "vida antes de la vida". En ese marco, la vida terrena y corporal era una desgracia, y la muerte liberaba el alma del peso del cuerpo. 

La idea de eternidad no es; pues, extraña al hombre, le es, por así decir, como natural. La manera de plantearse el después es por supuesto muy diferente y no se plantea de la misma manera después de la venida de Cristo y la influencia del cristianismo en el pensamiento: 

- Los antiguos bretones, antes del cristianismo, imaginaban, por ejemplo, la vida después de la muerte como una serie de tres vidas – siendo la primera el modelo más o menos seguro de las dos siguientes - o también como una segunda vida sin fin preciso, pero en una isla de acceso imposible a los que viven la primera vida. 

- Los comunistas, materialistas negaban la vida después de la muerte. Sin embargo, ellos también tenían su paraíso : la sociedad sin clases de los "mañanas que cantan". Este acontecimiento paradisiaco, que se suponía que las generaciones futuras vivirían, se ha hecho esperar mucho tiempo y ha desanimado a muchos de sus adeptos. 

- Los que defienden la reencarnación han sustituído la vida eterna tan esperada por otra explicación : el vivir aquí abajo varias veces, pero en otras funciones, otras personas; lo que es distinto de las "tres vidas célticas", donde es la misma y única persona la que revive. 

- Los musulmanes creen en un "Paraíso" que verá la recompensa de los buenos, pero ésta es muy material en su descripción y desconcertante en relación a nuestras aspiraciones más profundas. 

Para los cristianos, Dios ha enviado a su Hijo, Jesucristo, que se ha hecho verdadero hombre para hacernos conocer su amor y su promesa de resurrección. El mismo ha resucitado el tercer día después de su muerte. Salió del sepulcro y apareció vivo a sus discípulos, que le vieron y han dado testimonio. La Resurrección de Cristo no se puede someter directamente a la historia; plantea una pregunta a la historia y a todos los hombres. Pero el testimonio de sus discípulos sobre el encuentro con el Resucitado, es histórico. Y ellos han dado testimonio hasta el "martirio". 



La fe en la resurrección de los muertos se apoya en esta resurrección de Jesús. El Dios que nos ha creado no lo ha hecho solamente por el espacio de una vida terrena como un juego o un absurdo. Por amor, cuando no existíamos todavía, nos ha dado la vida y continúa, por amor, a llamarnos a la vida eterna con El. Es lo que llamamos "el Cielo". Ese Cielo, en efecto, es la vida eterna de felicidad sin fin con Dios y "todos los santos". 

No se trata de un paraíso material en el que reviviremos una vida terrena (testigos de Jehová), ni de un paraíso espiritualista en el que las almas estarán despojadas definitivamente de toda encarnación (Platón) y de toda personalidad (budismo) : en el resumen de su fe, el credo, los cristianos creen en la "resurrección de la carne", es decir, del alma y del cuerpo juntos, como en Cristo resucitado.

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